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Diario YA


 

¡Liberalismo, no gracias!

Manuel Bru. 5 de Octubre.

En el mismo día El Papa desde Roma habla de San Pablo como el que realmente ofrece una visión auténtica de la libertad humana, el presidente de la Comisión de las Conferencias Episcopales Europeas, monseñor Meter Erd, desde Hungría, dice que el liberalismo desenfrenado conduce al colapso, y en la sala en la que me encuentro, en una bella ciudad eslovena, el presidente de Justicia y Paz de este país, monseñor Antón Stres, acaba de decir que el liberalismo, ideología fundamentalmente antropológica, ofrece una visión relativista de los derechos humanos.

La verdad es que, cuando vemos las actitudes absurdas del laicismo militante, como el mostrado ayer por El País al escandalizarse porque el gobierno permita que los jueces que quieran puedan asistir antes de la celebración de los actos oficiales del inicio del curso judicial, a una misa por sus hermanos fallecidos en este año, y sobre todo que esa misa, celebrada en la parroquia más cercana a la sede judicial, la celebre el Cardenal Arzobispo de Madrid, fijarnos en las amenazas del liberalismo puede parecer algo secundario. Pero  no es así. Tengamos en cuenta que la raíz del laicismo, raíz cultural, histórica, es inseparable del nacimiento del liberalismo.

En el fondo, tanto el liberalismo económico “desenfrenado” como las ideologías totalitaristas del siglo XX, vinculadas a la extrema izquierda o a la extrema derecha, coinciden también en esta misma raíz: la de una supuesta visión ilustrada del mundo, en la que el hombre se descubre, como Adán en el pecado original, totalmente autónomo, independiente, sin Dios, sin una referencia para conducir su libertad, sino idealizando una libertad ilimitada, caprichosa. Ese es el origen del liberalismo despiadado en la economía de mercado sin freno de la justicia, y del laicismo, que confunde libertad con ataque y negación de libertad a los creyentes.

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