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Diario YA


 

Crisis significa oportunidad

Manuel María Bru. 17 de enero.

          Ante la dolorosa crisis por la que están atravesando muchas familias y muchas personas, fundamentalmente por la pérdida de empleo, y ante el incremento de las demandas de ayudas económicas en más de un 40% por parte de los programas de familias, acogida, inmigrantes y empleo, Cáritas Española ha puesto en marcha una campaña de emergencia y solidaridad, que declara: “Estamos ante una crisis grave que ante todo requiere de nuestra creatividad para transmitir esperanza a quienes viven una situación de mayor pobreza y vulnerabilidad. Pero también estamos ante una oportunidad para promover y animar al cambio, para rescatar un estilo de vida basado en otros valores más humanos, el estilo de vida de la comunidad cristiana que se siente responsable de las personas y del mundo en el que vive”.

No es la primera vez que pasamos por una crisis económica, aunque ésta se presente con una virulencia especial. Pero en ocasiones anteriores la centralidad que la familia tenía en el tejido social hacía de ésta el principal ámbito de solidaridad para compartir los escasos recursos económicos, y para asistir, acompañar y promover a las personas más perjudicadas, sobre todo las que se quedaban sin trabajo. Pero ahora la cosa ha cambiado. Una sociedad enferma de individualismo autosuficiente que registra la separación o el divorcio del 50% de los matrimonios, y por tanto la ruptura del 50% de esas organizaciones no gubernamentales de ayuda al desarrollo primario que son las familias, arranca de las personas de ese refugio de consuelo y de esperanza necesarios -el familiar- para poder no sólo afrontar las penalidades, sino aprovecharlas  creativamente hacia una prosperidad basada en lo esencial.

 

Por eso, en tiempos de crisis económica, yo les propongo no “planes E” virtuales como hace el desgobierno que padecemos, sino una sugerencia que para el pensamiento neoliberal que nos circunda es todo un provocativo cúmulo de insensateces, pero que les aseguro que funciona: despilfarro, improductividad, y endeudamiento. Sí. Lo han oído bien. Pero no es el despilfarro del dinero,  (público o privado) ni la improductividad laboral, ni el endeudamiento financiero. Sino el despilfarro de la dedicación a los demás, la improductividad del tiempo que para ello se requiere, y el endeudamiento ilimitado de una generosidad y solidaridad sin intereses. No en otra cosa, créanme, ha consistido durante siglos el secreto de la iniciativa, la confianza, y el desarrollo económico y social de nuestras sociedades de tradición cristiana, que el derrochador, excesivo, inmoderado, y aventurado amor entre padres e hijos, hermanos, amigos, vecinos, y también desconocidos.

 

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