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Editorial: "Adiós, Gaspar"

No sorprende mucho la decisión de Gaspar Llamazares de dimitir de su cargo de coordinador general de Izquierda Unida el próximo 25 de Octubre. La coalición marxista, que ha pasado de ser un partido serio en la etapa de Anguita a un residuo integrado por comunistas oxidados en la actualidad, tiene solamente un escaño en el Congreso de los Diputados, y suponemos que cualquier resistencia a abandonar un puesto sirve de poco ante la vergüenza de semejante debacle.

Llamazares no ha aportado absolutamente nada a Izquierda Unida en todos los años que ha estado al frente de la coalición, y esto no es hacer leña del árbol caído sino ser fieles a la realidad de las cosas. Convertido desde 2004 en socio incondicional del Gobierno de Zapatero, a IU se le agotaron las ideas, los proyectos e incluso las convicciones ideológicas. Si nunca ha aportado mucho a la democracia, en el último lustro ha protagonizado el encefalograma plano de la izquierda española.
 
Quizá, insistimos, lo más sorprendente no es la decisión de Llamazares de irse a su casa (quizá la mejor decisión que ha tomado desde que está en política), sino la explicación que ha ofrecido el partido sobre tan inesperado hecho: al parecer, lo que se pretende es que “no se produzcan confrontaciones” durante la Asamblea Regional que la coalición va a celebrar en Asturias en esa fecha. Pero, ¿no les gusta tanto el debate y la confrontación de ideas?, ¿ahora resulta que la exposición del informe de gestión de un líder político ha de ser motivo de “enfrentamientos” en el seno de su partido? Inaudito.
 
En realidad, lo que se vuelve a poner en evidencia una vez más es que la izquierda, lejos de representar la esencia del sentir democrático, sigue conservando los “tics” totalitarios que ha tenido siempre, y que están en la base de su ideología. La izquierda en España no ha sido democrática nunca, mucho menos en la Segunda República, y hasta cierto punto es lógico que en los albores del siglo XXI siga por la senda del inmovilismo y el “todos a una”. En IU, como se ve, quien se mueve no sale en la foto.
 
Esperamos que el nuevo líder de IU sepa reconducir el camino de este partido, y lo lleve a una senda más digna y auténtica. Existir para ser la versión “b”, descafeinada y pobre, de otro partido, es algo que carece por completo de fundamento. Si los nuevos dirigentes de la coalición no son capaces de darle una impronta distinta, si no son capaces de conseguir un espacio propio para representar a un electorado distinto al del PSOE, mucho nos tememos que Izquierda Unida será, ahora sí, Izquierda Hundida.
 
Lunes, 6 de Octubre de 2008.

 

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