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Editorial: "La inmunidad política"

Si España fuese un país normal, si las comunidades autónomas (todas) se relacionasen de manera natural con el Estado al que pertenecen, si no existiera esa nociva tendencia a recordar el franquismo en la política diaria, la decisión que ayer tomaron por unanimidad los miembros del Tribunal Constitucional sobre la "ley de consulta" de Ibarreche merecería el calificativo de "contundente".

Pero como, desgraciadamente, esto no es un país serio, aquí las regiones ya se creen (como la Cartagena de la República) con derecho a declararle la guerra al más pintado, y los dirigentes nacionalistas tienen mucho más poder del que jamás soñaron, la decisión del alto tribunal se queda en una especie de advertencia, en una recomendación que, naturalmente, Ibarreche y sus amigos se saltarán a la torera, porque la ley no va con ellos. Al menos, "nuestra" ley.

Si todo en España fuera normal, hoy Ibarreche debería presentar su dimisión, la plana del PNV debería pedir disculpas al resto de los españoles por su desvergüenza y atrevimiento, y el célebre texto sobre el referendum vasco tendría que pasar a formar parte del contenido de la papelera de la sala de bedeles del Ayuntamiento de Bilbao. Pero ya habrán adivinado ustedes, y sabemos de sobra nosotros, que nada de eso va a suceder.

Ese es el drama de España, o al menos uno de ellos: que la ley, en materia política, es papel mojado. Que la norma, siempre intransigente y hasta cruel con el ciudadano normal, se vuelve flexible y melosa para quien tiene muchos votos en la faltriquera o eso que ahora llaman tan ridículamente "legitimidad social". La inmunidad no es parlamentaria; es política.

Por eso no podemos ser muy optimistas, a pesar de la aparente contundencia del Constitucional. El PNV no va a parar hasta poner las urnas en la calle, y cuando las ponga..., ¿llamará el Delegado del Gobierno a la Ertzaintza para que las retire?, ¿mandará Zapatero a la Guardia Civil para que, una vez más, deshaga el entuerto? La ley de consulta no queda reducida a cenizas, simplemente se aplaza sine die.

Viernes, 12 de Septiembre de 2008.

 

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