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Editorial: "Respuesta desproporcionada"


Editorial, 12 de agosto
 
Querríamos volver a hablar de asuntos más propios de las fechas estivales en las que nos movemos, pero la guerra manda.

Lejos de la espectacularidad de las imágenes que nos sirven las televisiones de todo el mundo sobre el conflicto declarado en el Cáucaso, hay un drama por cada uno de los que se levantaron un día y encontraron los tanques a las puertas de sus casas. De todos esos dramas, de cada uno de ellos, son responsables los políticos que dirigen sus maquinarias de guerra con intereses torticeros, no para garantizar la paz, sino para buscar la ventaja política. A nosotros, los medios, en la confusión de la información que llega, nos corresponde informar; llegado el caso, denunciar.

Ciertos conflictos tienen la propiedad de dejar en evidencia a sus autores y a sus actores. Éste, el del Cáucaso, tal vez lo haya hecho con demasiada premura. Sin duda, hay un argumento de autoridad que destroza las razones esgrimidas por algunos para tomar partido abierto por aquél que “parece” inocente. El argumento lo ha dado esta mañana el presidente de los Estados Unidos al afirmar que había trasladado a su homónimo ruso la idea de que la respuesta militar rusa había sido “desproporcionada”. En la frase, “respuesta desproporcionada” concurren dos características: una objetiva y otra subjetiva. La subjetiva, naturalmente, es el adjetivo. A los ojos de Bush, la solución al conflicto hubiese podido sobrevenir de forma menos contundente, tal vez con una interminable sucesión de actuaciones diplomáticas. Subjetiva sobre todo porque, tratándose de la seguridad de EEUU y de sus ciudadanos, Bush nunca habría escatimado en medios a la hora de dar una “respuesta”. En todo caso, es la opinión del mandatario estadounidense. La parte objetiva es la “respuesta” en sí. De la frase se desprende, pues, que Bush considera legitimada la respuesta rusa, pero que le ha parecido desproporcionada.

Tal vez por esto, hoy se reunirán en la misma mesa Rusia y la OTAN y pensamos que será el momento en el que se pueda dar por finalizado el conflicto. La propia reunión debería hacer temblar a Saakashvili. Sus aventuras tocan a su fin. La misma comunidad internacional que no ha encontrado motivos para prestar a su gobierno más ayuda que la de hacer algunas declaraciones pomposas, será la que le termine pidiendo explicaciones. Mañana, en esa reunión, se hablará de otras cosas. Por ejemplo, de la posible limpieza étnica que las tropas de Georgia hayan podido llevar a cabo en la región de Osetia del Sur, de la que lleva quejándose Rusia desde que empezó el conflicto, y que ha servido de aval para justificar su intervención. Mañana la OTAN tendrá que oírlas y decidir si el aventurero Saakashvili es la persona más indicada para gobernar un territorio de gran valor estratégico para las aspiraciones de la OTAN. La OTAN tendrá que decidir hasta qué punto interesa, en aras de un equilibrio de fuerzas en la zona que garantice el entendimiento de las hasta ahora dos grandes potencias militares, que la Georgia de Saakashvili se integre en la Organización Tratado del Atlántico Norte. Pero es que, además, de prosperar las denuncias de Rusia, puede ser que el presidente georgiano vea cómo el paralelismo que quería establecer entre el Cáucaso y la situación en los Balcanes para forzar la intervención armada de EEUU, se vuelve en su contra y le sienta ante un Tribunal Internacional acusado de crímenes contra la humanidad.

 

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