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Editorial: "Un obispo serio"

Con excesiva frecuencia, algunos medios de comunicación presentan noticias sobre hechos completamente serios como si fueran un chiste o algo trasnochado, con la única intención de desacreditar o ridiculizar al protagonista de esa acción. Es el caso de la noticia propiciada por el Obispo de Segovia, monseñor Ángel Rubio Castro, que ha publicado un manual titulado "Orientaciones catequéticas y pastorales para la preparación y celebración de los Sacramentos". A algunos les ha faltado tiempo para cachondearse de él.
En ese texto, el obispo sugiere a los no creyentes o no practicantes considerar la posibilidad de abstenerse de recibir el matrimonio en la Iglesia. Y es que, desde hace ya bastante tiempo, muchas parejas deciden pasar por el altar para que las fotos salgan bonitas, para contemplar ese espectáculo entre cutre y hortera del lanzamiento de arroz (nada que ver con lo que simbolizaba antiguamente) o para poder recaudar una suculenta bolsa después del banquete de rigor. Porque lo que es dentro de la Iglesia, ni un Padrenuestro.
Monseñor Rubio (a quien no conocemos, pero alabamos el buen criterio) explicó que cuando los novios no son creyentes o manifiestan una fe llena de contradicciones y, sin embargo, desean y pidan casarse por la Iglesia, "los sacerdotes deben examinar cada caso, sin caer en una actitud rigorista, ni tampoco en una benevolencia rutinaria". Es decir, que el matrimonio eclesiástico no puede ser un acto rutinario de la misma trascendencia que el paso por un cajero automático. Se trata de un sacramento, que es una cosa muy seria.
 
Por si quedaba alguna duda acerca del sentido de la responsabilidad del Obispo de Segovia, ha reiterado que su diócesis “seguirá exigiendo la participación de los futuros contrayentes en los cursos prematrimoniales”, en los que “deben impartirse temas destinados a formar a los novios en el derecho y deber de educar cristianamente a los hijos”. Para este Gobierno promotor de EpC, los únicos “cursos” válidos son los que debe impartir el “progenitor A” y el “progenitor B” a su vástago adoptado.
 
Qué punto de triste decadencia, de melancólica desorientación, qué trágica pérdida de papeles sufre el mundo que hemos fabricado de espaldas a Dios, cuando verdades y certezas como las que ha comentado este obispo causan asombro, rechifla o carcajada. ¡Cuánto tendremos que desandar para volver a la senda de lo intrínsecamente humano, cuánto hemos de rezar para que el Señor nos perdone por esta soberbia que sigue siendo, veinte siglos después, el pecado capital del mundo!

Miércoles, 8 de Octubre de 2008.

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