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Rato y la condena de telediario

Fernando Z. Torres.  No es sólo un asunto personal. Lo es además. Para conocer el alcance de la gravedad de lo sucedido con Rodrigo Rato hay que atender a dos cuestiones: a) se trata de un exvicepresidente del gobierno de España en la órbita de haberse convertido en candidato a la presidencia del gobierno. De ocupar el puesto de Mariano Rajoy para entendernos; b) se trata de alguien que siempre se mostró contrario a cualquier amnistía fiscal. Respecto de esto último nada que objetar. Matizo: completamente de acuerdo.

            Parto del convencimiento de que las amnistías, salvo en los casos de presos políticos, los de verdad (me estoy refiriendo al caso venezolano), son formas perversas de trato desigual entre ciudadanos libres. Consiste en un agravio comparativo inaceptable e injustificable. No es admisible; ni siquiera la situación de práctica bancarrota que mantenía a España en la cuerda floja, debió ser motivo suficiente para convertir, por ser vos quien sois, lo que siempre fue delito en conducta sin reproche penal.

            Recordemos que una amnistía no es un indulto que “perdona la condena” (el sujeto es condenado por cometer el delito. Lo comete y se le condena por ello. Otra cosa es que se reúnan los “requisitos” para su posterior indulto). La amnistía no es eso; consiste borrar de un plumazo la conducta delictiva. Hacer desaparecer el delito como si nunca hubiera existido (y siempre por conveniencia). Si se disipa el delito ha de hacerse erga omnes y no sólo respecto de aquellos que estimaron no tributar en su país de residencia todos sus bienes. Todos aquellos que hemos sufrido las brutales subidas de impuestos estaríamos en nuestro derecho de exigir rebajas fiscales para compensar lo que se hace con otros.

El pasado domingo abordamos el asunto en Ya es domingo, de radio Inter. Mantuve que no se trata de un tema personal. O mejor, no sólo. Una cuestión personal afecta única y exclusivamente al individuo y la responsabilidad que lleve aparejada tendrá repercusiones respecto de él mismo, sin más. Lo que nos ocupa va más allá de la esfera del sujeto. De inicio tiene repercusiones ad extra y después ad intra. La condición de cargo público lleva intrínseca la ejemplaridad como exponente máximo de la rendición de cuentas hacia los ciudadanos. Conductas como las que estamos conociendo, aunque se hayan producido alejadas de la vida pública, no dejarán jamás de estar relacionadas entre sí.

La manifestación negativa de la investigación de que está siendo objeto Rato profundiza la agonía de un partido que ya no dispone de más cubos para achicar el agua. Haber obsequiado a los contribuyentes, en plena campaña de la renta, con una “condena de telediario” de estas características, lejos de conseguir su propósito de sibilino aviso a navegantes, tendrá repercusiones catastróficas para el partido aún en el gobierno. El votante que tradicionalmente ha votado PP, ha visto rebosar el vaso con este bochornoso espectáculo representado por aquel que en otro tiempo fue máximo exponente de lo que se ha venido a llamar “milagro económico”, de cuyas artes también habría mucho que hablar, pero cuya realidad es que consiguió bajar el paro hasta cotas nunca vistas, obteniendo récords en afiliación a la seguridad social.

Lo más llamativo del asunto es la forma párvula e inocente en que la agencia tributaria se puso tras la pista del insigne personaje. Incongruencias entre lo declarado en la amnistía de 2012 y lo revelado vía modelo 720 al año siguiente hicieron saltar las alarmas en casa del ministro Montoro. Después todo se precipita, se filtra (buena labor de vozpópuli) y desencadena en una detención innecesaria y más característica de un operativo contra un cártel de la droga. Llamativo que al corriente sólo estuviera la todopoderosa vicepresidenta. Dicen que el cabreo del ministro del Interior fue monumental al saber que no se había contado con él. Recordemos que los registros se llevaron a cabo por los agentes de aduanas, la “policía de Montoro”, y no por la policía nacional ni la guardia civil.

Hay que dejar claro que de no tratarse de quien se trata (hay otros 704 nombres que aún no han salido a la luz), se hubiera tardado más tiempo en tener noticias. Ha sido así quizá para evitar una debacle popular en la antesala de las elecciones más importantes desde aquellas ya lejanas de 1977, (lo que preveo inevitable en cualquier caso). Dicen que estaba realizando una operación de despatrimonialización para no hacer frente a las responsabilidades que se pudieran derivar del caso Bankia…seguramente ambas son acertadas. 

Sorprendió la serenidad del protagonista. Sereno, calmo, sosegado…sin prisas. No cuela.

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