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Diario YA


 

Editorial, miércoles 9 de julio de 2008

La "consulta" de Ibarreche y Zapatero

Asistimos a una lamentable ceremonia de la confusión perpetrada por Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarreche en relación a ese proyecto de consulta popular que el lendakari tiene pensado llevar a cabo el próximo octubre en el País Vasco. Pasan los días, y ambos políticos se envían mensajes a través de los medios de comunicación aparentando no entenderse bien y andar poco menos que “a la greña” por un quítame allá esas pajas. Uno dice que la consulta (manera suave de referirse a un referendum) se hará sin lugar a dudas, y otro (Zapatero) asegura que es imposible que pueda realizarse.

El lenguaje es una cosa que sirve para comunicarse y entenderse, pero algunos lo usan exactamente para lo contrario, para despistar, engañar o desviar la atención de lo realmente sustantivo. Aquí lo fundamental no es que vaya a haber “consulta” en octubre o no, sino qué ha pasado en los últimos años para que el presidente de una comunidad autónoma española se crea con derecho a poder convocar un referendum de autodeterminación. Eso es lo que no termina de entender la mayoría de los españoles.
 
La Transición, esa estación perfecta de la democracia que algunos han vestido absurdamente de pureza, es el origen y la clave de esta deriva completamente surrealista que han protagonizado los separatistas vascos y catalanes durante los últimos 30 años. La izquierda y la derecha vinieron a coincidir en que era necesario ser “comprensivos” con las exigencias nacionalistas, durante tantos lustros silenciadas y perseguidas por el franquismo. Había que ser permisivo y demócrata. Había que ceder.
 
Hoy son muchos los arquitectos de la Transición política española que se arrepienten de cómo se hicieron las cosas, de la manera infantil en que se cayó en el engaño de los nacionalistas. El nacionalista, por naturaleza, nunca se conforma con la cesión concreta del Estado al que intenta chantajear; después de cada concesión viene otra demanda, y el final de ese proceso no es otro que el desafío directo a la legalidad constitucional. Ahora, Ibarreche ya no tiene nada que perder al buscar un pulso con España.
 
No debemos dejarnos engañar por ese juego del gato y el ratón que tanto les gusta escenificar a Zapatero y al lendakari vasco. Octubre es la anécdota. Seguramente no se celebre la “consulta” ese mes, pero sí es más probable que se consienta dentro de uno, dos o tres años. Porque cuando la unidad de España no es un valor asumido interiormente como inamovible y eterno, es fácil caer en la mezquina pero inteligente seducción de los verdaderos enemigos de nuestra patria.

 

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