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Pilar Muñoz, psicóloga y articulista de DiarioYa.es, analiza la reacción popular ante el triunfo deportivo

 

El triunfo en la Eurocopa, ¿símbolo o signo?

 
Todavía resuenan los ecos de las voces de millones de españoles, que coreaban orgullosos a un puñado de futbolistas que habían puesto a España en un lugar privilegiado dentro del deporte. Durante unos días hemos asistido a un despliegue de símbolos y signos propios de nuestro grupo de pertenencia: todos somos españoles, todos agitamos la misma bandera rojigualda.
 
El análisis de este fenómeno social de masas hemos de valorarlo a la luz de la teoría de grupos, según nos indica el “corpus” teórico de la psicología social. En la España actual se ha producido una inversión en el poder, con el predominio de los grupos minoritarios frente al grupo mayoritario. Los primeros han impuesto sus deseos e intereses, haciéndolos más atractivos, más vanguardistas y sobre todo, vinculantes a través de diferentes modos de presión: exclusión, marginación o violencia. Pues bien, el triunfo futbolístico de la selección (grupo de deportistas españoles) en un contexto cultural y lingüístico alejado del nuestro, ha despejado las influencias de los grupos minoritarios, disponiendo al grupo mayoritario a sentir como propios los símbolos de identificación cultural: la bandera o la lengua española. Al internalizar el símbolo se ha manifestado el signo.
 
Detallamos el concepto símbolo y signo en relación al fenómeno de masas que ha vivido nuestra patria española en estos días. El símbolo es un significado que un grupo han atribuido de modo arbitrario a algo, con conexión o no al objeto simbólico. Bien, los españoles entendimos el “símbolo bandera” como inclusión gozosa en un grupo de pertenencia mayoritario y estable que es el de ser españoles. De otro lado, el signo es lo que permite suponer algo; así pues, las concentraciones espontáneas, las banderas externalizadas y mostradas sin complejos, las pinturas faciales con los colores nacionales, hacen suponer una emotividad positiva, todavía superficial y bastante dirigida, pero se intuye una presencia del grupo mayoritario frente a las tiranía de grupos minoritarios que intentan sobreponerse al gran grupo.
 
En el contexto vienés, espacio alejado del contexto español, se ha mostrado la profundidad del símbolo de la “ñ”, de España y del español. Esto es, fuera de nuestras fronteras, cobra sentido pleno el símbolo de nuestra lengua, y la demostración de ese símbolo es el signo de canturrear y autoproclamarse frente a otras culturas y lenguas, que somos españoles. De esta forma, en televisión hemos visto imágenes de grupos diversos, en España grupos minoritarios: catalanes, gallegos, vascos. Pero en el estadio de Viena eran todos españoles, mostrando el símbolo del grupo de pertenencia: la lengua española y la bandera de España a través de signos como las agrupaciones espontáneas, las fiestas y el recibimiento colectivo a un grupo de iconos y modelos que nos habían situado como colectivo nacional en un sitio de privilegio.
 
Por último hemos de valorar el tema de las actitudes, puesto que ha sido una actitud del grupo mayoritario frente a actitudes minoritarias opuestas a dicha actitud: integración gozosa del símbolo español. Entendemos por actitud una predisposición aprendida a actuar, dirigida a objetos, personas y situaciones, en las cuales se incluyen dimensiones cognitivas, afectivas y eventualmente conductuales. Afortunadamente, hemos asistido a una recidiva de lo aprendido de otros tiempos, y lo hemos manifestado más desde lo afectivo, y desde luego desde lo conductual masivo.
 
El signo del atrevimiento de la bandera por nuestras calles es indicio de una nueva actitud del grupo mayoritario de españoles que seguimos queriendo identificarnos con los símbolos que nos configuran como grupo cultural y que nos rebelamos contra una imposición de grupos minoritarios.
 
 

 

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