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Diario YA


 

Editorial: "El cine español"

Si en España hubiera una industria del cine, esto es, una serie de directores y productores que se jugasen, respectivamente, su prestigio y su dinero en un mercado independiente que compitiese en igualdad de condiciones con la de otros países, quizá la injustamente popular Gala de los Goya despertaría, si no interés, al menos sí expectación o curiosidad. Pero siendo las cosas como son, es decir, siendo el cine una actividad subvencionada generosamente por el Gobierno y al alcance casi exclusivamente de unos pocos privilegiados que después saben agradecer con su "arte" los desvelos de "Papá Estado" por el celuloide patrio, los Goya son un tostón sin el menor interés.

Más allá del desfile "cutrelux", imitación barata de la estética hollywoodiense, para que Fulana luzca escote y Mengana enseñe nalga, la pomposamente llamada "gala del cine español" se reduce a una ceremonia llena de topicazos presentada por gente sin ninguna gracia, en la que por lo general se premian aquellas cintas en las que se ha intentado denigrar a la Iglesia, reivindicar la Segunda República, avalar cualquier tipo de modelo familiar o de pareja que no sea el tradicional (es decir, chico-chica y la subsiguiente prole), u homenajear a todo estereotipo humano que presente una tara física o mental.

Si hubiera que hacer un resumen sobre el modelo típico de película española desde los años ´90 a nuestros días (quizás incluso antes) diríamos que consiste en media docena de personajes metidos en una casa (los exteriores elevan el presupuesto, y todo lo que se gasta no queda en la saca) entre quienes no pueden faltan: una prostituta, un "camello", un marido infiel o una esposa adúltera, un policía franquista, un toxicómano, un delincuente, un esquizofrénico (o dos, o tres) y un cura pedófilo o con serias intenciones de abandonar el celibato. A partir de ese variado elenco, se pasa todo por un guión lleno de tacos y ordinarieces, se mueve todo bien como en una cocktelera, y ¡tachán!, ya podemos pasar por caja a recoger la ayuda gubernamental.

En la edición de este año, era evidente y estaba cantado que varios premios se los iba a llevar "Camino", del hermano menos conocido de la familia Fesser. ¿Una película que se mete con el Opus Dei, y que presenta una imagen de la religión como si fuera un virus maligno que rompe la alegría de las familias y vuelve majareta al más pintado? Premio seguro. ¿Que además ha provocado las lógicas protestas de los padres y hermanos de Alexia por la burda manipulación de su historia personal, y generado indignación entre los católicos? Doble motivo para premiarla.

Todo demasiado previsible. Ni los actores tienen glamour (demasiada distancia entre Gabino Diego y Humphrey Bogart..., lo sentimos), ni hay un gramo de talento, ni hay casi excepciones (Garci puede ser de las pocas) que se salga de lo políticamente correcto, ni existe la menor intención por parte de todos de hacer un cine verdaderamente libre y competitivo. La Gala de los Goya es el compendio perfecto de lo que luego se ve en las salas: mediocridad, ausencia de imaginación, huelga de talento y sequía de originalidad. Lo normal en la España de ZP.

Lunes, 2 de febrero de 2009.

Etiquetas:editorial