Home

Diario YA


 

Salvador de Madariaga, en danza

José Luis Jiménez. 5 de Octubre. 

El Corazón de piedra verde.
 
Idea original, coreografía, dirección de escena y guión adaptado: José Antonio. Música y guión adaptado: José Nieto. Vestuario: Yvonne Blake. Intérpretes: Componentes del Ballet Nacional de España. Artista invitado: Carlos Rodríguez. Colaboración especial: Maribel Gallardo y Fernando Romero. Teatro de la Zarzuela (Madrid)
 
"El Corazón de piedra Verde", estreno absoluto en el teatro de la Zarzuela, es el inicio de la temporada 2008-2009, en la que el Ballet Nacional de España cumple su treinta aniversario. Para tal ocasión, su actual director, José Antonio, ha estrenado un espectáculo que lo tenía en mente desde hace veinte años. Inspirado en la novela de Salvador de Madariaga, que cuenta una historia doble que transcurre entre la España y el Méjico del siglo XVI.
 
Hay que partir de la base de que tratar de poner un texto de 700 páginas, con multitud de ingredientes de todo tipo en un escenario, en este caso a través de la danza, es tarea harto difícil. Y a ella se han dedicado tanto el director del BNE, José Antonio, como el músico José Nieto. ¿Lo han conseguido? En corto y por derecho: tengo muchas dudas. No terminó de convencerme. 
 
Nos encontramos ante un espectáculo de danza con belleza formal escénica. ¿Pero es el más adecuado para el BNE? Creo que no. Falta algo fundamental, baile. Con algunas variantes podría ser ofrecido como un musical. Incluso, en momentos en los que se utiliza el taconeo, éste casi sobra. Es como incluir un elemento distorsionador en la estructura desarrollada, pero que no termina de conseguir el efecto de ser perturbador en el lenguaje escénico.
 
El primer acto es muy largo y, en algunos momentos, aburrido. El inicio parte del nacimiento, en 1492, en Méjico y España, de quienes, años después, serán los protagonistas de una historia de amor. Enmarcada en los aconteceres de la conquista de Méjico y todo lo que conlleva. El montaje se recrea en ambos nacimientos, cada uno por separado. Al tratarse de historias paralelas, en principio, aunque al final convergentes, ¿porqué no incluirlas en un mismo plano, separado, en el escenario? Hubiese acortado de forma importante el largo preámbulo. A partir de aquí se empiezan a narrar muchos hechos, con la ayuda de una pantalla traslúcida que abarca todo el escenario, sobre la que se van proyectando imágenes que nos quieren marcar lugares y situaciones, incluso sueños y pesadillas. Entre una cosa y la otra, o a pesar de ello, nos llega un mensaje bastante confuso para el que no lea a fondo, antes del inicio, el programa de mano.
 
La música corresponde al gran profesional José Nieto. Éste ha tenido ante si una ardua tarea, reto la define él, en su explicación del programa. Se incluyen una serie de temas del compositor y poeta Juan del Encina. Al incluir voz humana en la parte española, Nieto explica que se vió obligado a hacerlo en la mejicana. Para lo que utiliza textos del rey-poeta Netzahualcoyotl. En la orquesta ha incluido desde arpa, laúd, guitarra y bandurria hasta percusionistas y dos "didgeridoos" australianos (instrumentos muy similares a algunos representados en pinturas aztecas).
 
Los  protagonistas principales son Miguel A. Corbacho (Alonso, el "dios rubio"), Cristina Gómez (Xuchtil) y Carlos Rodríguez (Ixcauatzin). Pero el elenco es muy numeroso. Son 21 personajes y un cuerpo de baile amplio. Incluso el mismo José Antonio participa. Desarrollan bien su labor, dentro de ese contexto de tipo de ballet que se ha creado. Traigo aquí el recuerdo de una situación difícil creada hace meses en el BNE. La misma, inicialmente, fue motivada precisamente por los ensayos de este ballet. Se arguyó una serie de cosas, pero como elemento principal de confrontación, el hecho de tener que desnudarse en escena. Ese momento es en el segundo acto, en la escena del sacrificio. En la misma, Ixcauatzin, desesperado por no tener a su amada, cambia sus ropajes con el Joven Divino, víctima especial de los ritos de fin de año. Y aquí se utiliza la pantalla para contemplar cómo se arroja desde lo alto de la pirámide. Es un desnudo integral de ambos. No termino de ver la necesidad, y me refiero a la estética, de hacerlo así. Excepto, cosa que desconozco, que el sacrificado lo hiciese sin ningún ropaje.
 
Es un montaje con una estructura escénica amplia que es de esperar la tengan planificada para acoplarse a otros escenarios menores al del Teatro de la Zarzuela.          

 

Etiquetas:josé luis jiménez